Miércoles, 08 de abril 2020 - Diario digital del Perú

Depresión capitalista


Milcíades Ruiz

Milcíades Ruiz
22 d

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En diciembre pasado, bajo el título de “Panorama borrascoso” hice la advertencia de que se avecinaba una sombría tempestad capitalista. Desde entonces la economía mundial ha continuado deteriorándose tomando mayor fuerza con la propagación del coronavirus, que ha desacelerado aún más, el movimiento económico global. Esta situación, la empezaremos a sentir en todo aspecto, porque nuestra economía es altamente dependiente del extranjero.

Conociendo la impericia gubernamental, podríamos decir que la vida nacional está en un alto riesgo económico y social. Por nuestro lado, si no nos preparamos para lo que se viene, nuestra impericia nos incapacitará para defender los intereses populares. Es necesario entonces, planificar las medidas defensivas oportunamente. Esa es nuestra responsabilidad.

Ello implicará clarificación del diagnóstico, análisis y elaboración de propuestas para exigir disposiciones técnicas y políticas gubernamentales en combinación estratégica con las movilizaciones políticas. Es desagradable hacer de “pájaro agorero” pero es mejor que no decir nada.

El asunto es que los grandes intereses mundiales tienen un diagnóstico negativo de la evolución de los negocios y prefieren no arriesgar, detrayendo sus inversiones. Los grupos financieros también toman sus medidas y endurecen el crédito evitando riesgos. Una señal muy clara es la baja demanda de petróleo que es el combustible de la industrialización y esta disminución significa que la producción industrial y el PBI se están reduciendo.

Si la demanda de petróleo disminuye por debajo de la oferta de entonces su precio se cae. Este ya descendió a niveles poco rentables y si esto es así, no se justifica el alto costo de mantener tropas estadounidenses en los países productores desde la invasión a Irak. Decir que EE UU retira sus tropas por un acuerdo de paz con los talibanes es una pantomima. “A otro perro con ese hueso”.

La OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos) ya adelantó un pronóstico de crecimiento mundial de solo 2.4% en 2020, su nivel más bajo desde las crisis financieras de 2008-2009, contra 2.9% en 2019, con posibilidad de caer hasta el 1.5%. Otras fuentes son más pesimistas y temen que se repita la gran depresión de 1929.

Esta situación de declive la podemos comparar con lo que suele suceder cuando corre el rumor de que algún banco está por quebrar como sucedió con el Banco Latino en nuestro país. El pánico financiero se apodera de los ahorristas y todos corren a retirar su dinero, provocando su desplome.

De manera similar, esta semana mientras estábamos concentrados en el coronavirus, el pánico financiero se apoderó del mercado de capitales haciendo que los inversionistas retiren su dinero (propio o financiado) abandonado sus intenciones de comprar acciones, con lo cual ocasionaron el desplome de las bolsas de valores en todo el mundo.

El lunes pasado, 9 de marzo, las principales bolsas de valores europeas colapsaron. El día 12, cayeron las bolsas de EE UU entre el 9% y el 11%, a pesar de las movidas de la Reserva Federal. El índice Dow Jones cayó casi el 10% como no sucedía hace más de 30 años, con el “Lunes Negro” en 1987. Tuvieron que suspender las cotizaciones como emergencia.

Los mercados europeos y de la región Asia-Pacífico siguieron la misma tendencia de Wall Street. El desplome se produjo después de que la Organización Mundial de la Salud declarara el coronavirus como pandemia y la posterior suspensión de vuelos de Europa a EE.UU. y hacia otros países.

Desde mediados de febrero las bolsas italianas han registrado el máximo desplome en Europa. El mayor banco italiano, UniCredit, ha perdido un 39% de su valor, mientras que la tasa de interés casi se ha duplicado. Es posible que pasado el pánico se retorne a la normalidad, pero el tiempo es inexorable y lo perdido no se podrá recuperar si no se cuenta con los medios.

Como se recordará, en 1987 la crisis financiera nos dejó sin capacidad de pagar la deuda externa. Era el primer gobierno de Alan García, que nos metió la mano al bolsillo con la devaluación de nuestra moneda y la inflación acelerada. Desapareció el sol de oro porque no valía nada, siendo reemplazado por el Inti. Había que pagar los pasajes en microbús con fajos de billetes. La izquierda tenía 14 senadores y 50 diputados.

Según la revista Forbes, las 20 personas más ricas del mundo perdieron este jueves más de 78.000 millones de dólares en un solo día, luego que los principales mercados de todo el mundo se desplomaran. La peor caída la tuvo el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos.

El director ejecutivo de Amazon perdió 8.000 millones de dólares, que equivale a más del 7 % de su patrimonio neto, cuando las acciones de su compañía bajaron casi un 8 % de su cotización. Pero claro, los ricos recuperan sus pérdidas trasladándolas a los estamentos inferiores. Los pobres, por ser los últimos no tienen a quienes trasladarlas.

Vemos pues, que cuando el movimiento de capitales o dinero se estanca por los motivos indicados, entonces el circulante baja de ritmo porque no hay liquidez para operar. Si la cantidad de dólares disminuye en el mercado internacional, su escasez hace que suba de precio, como viene sucediendo en todos los países incluyendo el nuestro que se acerca a los S/. 3,60/ dólar.

Demás está decir, lo que esto significa en carestía de vida, inflación y devaluación de nuestra moneda. Más el 95% de la producción avícola depende del maíz importado y si este sube de precio, las amas de casa tendrán que pagar más por el kilo de pollo, huevos, etc. Pero este, es en un solo rubro de los cientos de insumos importados para la producción de alimentos y artículos de primera necesidad. Ni qué decir de las medicinas y tecnologías.

Es pues un mal año para los negocios, para los consumidores, para el empleo, para las necesidades populares. Pero cada situación económica configura una situación política correlativa y ya sabemos que los indefensos llevan las de perder. La izquierda tiene el deber de responder consecuentemente a los retos de su tiempo histórico. ¿O será mejor dedicamos a la próxima campaña electoral? Ustedes que dicen.

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