Sábado, 20 de julio 2019 - Diario digital del Perú

Perú: no importa una derrota si se aprendió a luchar


LAPATRIA

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10 d

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«Quien se arrodilla ante el hecho consumado, es incapaz de enfrentar el porvenir» Trotsky

Escribe: Carlos Bernales

No trataremos como tema la derrota de la selección peruana de fútbol ante Brasil, aunque es una excusa para hablar de derrotas y victorias.

Es que los peruanos hemos sido derrotados tantas veces en nuestra historia, que podríamos afirmar que Perú no es el nombre de un país sino de una derrota. Es que luego del desmembramiento del Tahuantinsuyo, se impuso la voracidad de los conquistadores que llamaron Perú al territorio que acababan de pisotear.

El Inca Garcilaso de la Vega narra en sus Comentarios Reales el origen del nombre Perú. Los hispanos invasores, recién llegados aproximadamente en 1530, le preguntan a unos nativos, ¿cómo se llaman estas tierras? Y uno de ellos les responde algo que a ellos les suena Perú, aunque lo que en realidad decían era “pirú” o “pelú” que significa “no entiendo”. Desde entonces, somos pues el país del “no entiendo”, “no nos entendemos”. Así, quienes poblamos estas tierras seguimos sin entender nada o vivimos haciéndonos los desentendidos. Hay para escoger.

Se dice que las divisiones étnicas nos derrotaron, pero ¿quién quiere un país de unanimidad o de razas homogéneas?

Eso solo existió en la cabeza de Hitler, que pretendió arrasar con las “razas inferiores”, o Mussolini, o Franco que pensaban lo mismo, o Pinochet, que pretendió borrar del mapa a los mapuches, o Fujimori que hizo esterilizar a las mujeres andinas para ver si así iba destruyendo la raza.

La revolución socialista, busca la unidad para triunfar, pero para que se imponga la diversidad. Como decía Rosa Luxemburgo al afirmar su lucha «por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres».

Los seres humanos somos muy contradictorios, el bien y el mal habitan entre nosotros, como en el caso de la famosa novela Doctor Jekill y Mister Hyde.

Ernest Mandel lo reafirma cuando insiste en que a diferencia del capitalismo que lleva al límite máximo las imperfecciones humanas, la envidia, el egoísmo, el crimen; el socialismo, en cambio, potencia lo mejor de las virtudes humanas, la solidaridad, la fraternidad o en palabras del Che, «a riesgo de parecer ridículo, el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor»

Digo esto porque en el curso de la historia, los seres humanos, hombres y mujeres se han enfrentado entre sí de la misma manera que han entendido que la humanidad no podría sobrevivir sin el esfuerzo común.

Los antropólogos que han estudiado a las antiguas civilizaciones han descubierto muchas veces que los pueblos antiguos también tenían juegos de competencia, pero, afortunadamente, carentes del capitalismo, pensaban que más importante que ganar era la competencia en sí misma y por eso nunca sabían quien ganó y tampoco se dieron el trabajo de llevar el escore.

Es el capitalismo que ha llevado la competencia entre los seres humanos a todo nivel y peor aun en el juego, donde el fútbol impera. Por ello, tanto Maradona, como recientemente Messi, hablan de la corrupción y lo mafiosa que es la FIFA, que se llena los bolsillos con las competencias internacionales que, a su vez, pone en disputa millones de dólares para los equipos que llenan los cuatro primeros lugares.

Tengo entendido que a Brasil, por llegar al primer lugar le tocaron 8 millones de dólares, aparte de los cientos de millones por ser país sede. En tanto que a Perú, por el segundo lugar, 5 millones. Ello explica la ambición de los jugadores, el plantel técnico y los dirigentes de todos los equipos en la competencia, que se desgañitan por llegar no al primer puesto sino a los 8 millones de dólares.

Se supo que la dictadura de Videla compró al equipo peruano para que se deje ganar por el equipo argentino en el mundial de 1978, cuando gobernaba Perú el corrupto y vicioso general Francisco Morales Bermúdez, una época en que paralelo al Mundial de Argentina, la caravana de la muerte iba asesinando a disidentes de las dictaduras que poblaban el cono sur.

Realmente la victoria en el fútbol, que inquieta corazones, pasa pronto, algún día lograremos la victoria definitiva, con el socialismo, y las competencias dejaran de ostentar copas de oro y premios multimillonarios cebados en la miseria humana, entonces seremos libres y recordaremos como frase lejana, pero internacionalista, ¡Hasta la victoria, siempre!, entonces nadie perderá nada, seremos un mundo poblado por triunfadores.

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