Miércoles, 26 de junio 2019 - Diario digital del Perú

Que la transnacional no coma más de tu pobreza


Milcíades Ruiz

Milcíades Ruiz
08/04/2019

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La población aborigen del entorno de la mina Las Bambas, ha dado una lección de lucha en defensa de sus derechos. Lo ha hecho de una manera que ha derrumbado la barrera de una tradición política de la vieja república en la que los pueblos andinos han sido pisoteados por las transnacionales, con la complicidad de los gobernantes. Pero no solo es una lección de coraje y dignidad, sino también de reivindicación de la población nativa frente al histórico menosprecio, lleno de abusos contra los peruanos más auténticos.

Es un hito histórico, no tanto por el triunfo de sus demandas sino por el significado de esta gesta del pueblo chanca de no permitir nunca más, atropellos de los poderes de la dominación. Ha sido una lucha de hombres y mujeres campesinas contra los vende patrias, la prensa y los “Felipillos” que adulan a los poderosos invocando la tinterillada del Estado de Derecho fraudulento, que incitan a la represión apelando al principio de autoridad, que mal interpretan el cierre de carreteras como un delito grave aunque fuese dentro de la propiedad privada, que inventan toda clase de falsedades para denigrar la lucha popular.

Ni un paso atrás. De aquí en adelante, no seamos permisivos. Este es el mensaje de lucha para otros pueblos que sufren las atrocidades del crimen organizado que nos arrebata por asalto las riquezas no renovables del suelo patrio, dejándonos solo escorias contaminantes, pobreza y desolación, sin reparo de los daños ni compensación equitativa. Es el ejemplo a seguir para las demás zonas campesinas, frente a la colusión antipatriótica de gobiernos corruptos con los depredadores de nuestros recursos naturales.

Todo lo conseguido por el pueblo chanca es posible lograrlo en otras zonas mineras y la unidad de lucha multitudinaria es una clarinada para los proyectos fraudulentos que están en marcha, festinando trámites y fraguando estudios de impacto ambiental, sin considerar el derecho de consulta previa, sin licencia social ni consentimiento de los afectados, como es el caso del proyecto Tía María y otros.

También es una lección para los políticos timoratos que mezquinaron su apoyo. Sin embargo, debemos felicitar a las agrupaciones e instituciones que salieron al frente para solidarizarse con la lucha campesina de Apurímac, con argumentos racionales sin pretender suplantarlos. Muchos compañeros de izquierda han contribuido a que los represores se frenen al ver que los comuneros no están solos. Todas las voces resonaron y retumbaron en el ánimo represivo. Ojalá la izquierda comprenda con esta gesta, que la ansiada unidad tiene que surgir de la lucha concreta y no esperar que venga desde las cúpulas.

Por su puesto que aquí no termina la lucha, pero es un paso importante. La historia la hacen los pueblos, con nosotros o sin nosotros. Si somos consecuentes con la ideología que profesamos, tenemos que involucrarnos y no ser simple espectadores. Si el futbol desata la euforia de todos nosotros por el triunfo de nuestra selección, con la misma pasión la lucha por la justicia social. Donde quiera que estemos hagamos nuestra trinchera de combate. En nuestro frente de trabajo, la política, arte, ciencia, literatura o en la acción directa. Queda todavía mucho por hacer.

No importa si nos equivocamos. Será una equivocación de buena fe. Solo los que no hacen nada, nunca se equivocan.

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